Es curioso cómo la distancia se empeña
en volver el recuerdo más vivo y real,
mientras mi alma en silencio te sueña
con una nitidez que llega a ser casi irreal.
A veces me encuentro en la calle sonriendo
por viejas palabras que un día dijiste,
y busco tu mano en el aire, fingiendo
que el tiempo y el frío jamás existieron.
Este anhelo constante que habita en mi pecho
no viste de sombras, ni sabe a tristeza;
es solo la fe de que todo lo hecho
dejó en nuestras vidas una gran certeza.