Una impronta personal, altamente recomendada..
¿Yo?, ¿lo único que te cuento?, es…
que a veces, en cualquier momento,
cuando me percibo en un enredo
o en un encono importado ajeno..
A lo que atino y que tengo adquirido
como modelo de no reacción,
de no hacerlo al momento,
¡es a lo de cerrar mis ojos,
… y en silencio,
hasta oír
mi propio corazón!
Y así respirar, ¡no a un ritmo lento,
sino dejándolo que éste se vuelva,
y por su propia acción,
como una especie de motor,
cuando queda moderando! ..
Y sin empeño, ni controlándolo,
¡sino aliviándolo de una fuerza de tracción,
que lo evidencia como luchando
contra vaya uno a saber qué parte
de una determinada situación! ..
Y al lograrlo así, y sin prisas,
¡por dejando ir las prisas
y por percibiéndome en mí mismo!,
-prescindiendo de la afuera, sin encerrarme en mí mismo,
pero evitando que él me rija-..
Voy encontrando en lo profundo,
en un lugar que tengo adentro,
-y que sé que con él cuenta todo el mundo-,
a un silencio, al Principio…
¡a un barullo menos impositivo!,
¡a un silencio verdadero
que no es ausencia de sonidos!
¡¡pero sí que es de ruidos y de desasosiegos!!..
… Como por ejemplo, es el rumor de un arroyito,
o es el susurro de un bosque, en su propio medio …
Para entonces, y desde allí,
estando allí que es, en uno mismo, en mi yo mismo,
¡respirar! .. ¡por percibiéndome a mí mismo
en mis aristas más filosas!..
Las que han convertido en los hechos
a un enorme instante,
¡en una cuestión harto azarosa!
Alejándome de mi paz, perturbándome,
¡Y no por las olas
que el océano de la vida,
siempre incluye, como es su norma!
¡sino por los embates de costado,
de un zurcar en el que vengo instalado
pero como marinero asustado!
-por sometido a lo inesperado-
¡¡y no como un capitán, que sé que soy!!..
…
Y que así me siento ¡y que me confirmo!:
uno que al timón empuñando con firmeza,
¡y con el velamen adecuado
desplegado para la ocasión!..
Y que se confirma en su experiencia,
¡a superar tal situación: a la que sea!
Haciéndolo con conciencia de lo que sea,
¡y de su fragor en particular hoy desafiante!..
..
Y de la importancia de la fuerza,
Y de a la experiencia esta, conjugarla:
¡para atravesar eso que sea
que me perturba, a un determinado momento!
¡¡Volviéndole
y por imperio
de alguna especie de desesperación,
en un naufragio sucediendo, en curso!
Y sin muy claro todavía
¡cuánto hay de verdadero y de profundo,
en el mar de estos sucesos!
… en los peligros que realmente estoy viviendo;
… y en el temor del «si me hundo»;
¡y en las angustias de «demasiado me pesan»!
(Las cuestiones que siendo ajenas,
¡que hoy me someten
en aquel descrito principio,
a una aquiescencia
¡que sería temeraria
su permanencia en ella!
Y a la que como alternativa,
¡me sumo en lo que he dicho!… )
En mi bosque, en mi arroyito,
¡en una instancia que es casi automática!
¡Una de bajar los decibeles!,
¡y de darme cuenta del panorama de afuera que en ciernes!…
pero ya observándome:
a mi mismo y a mi nado,
¡Y a mi timón!, siendo de él bien consciente,
¡y de lo que sea que me esté sucediendo! …
…
¿Y Así? ¡Siguiendo!..
¡Siendo el dueño de mi mente,
y el rector de mi corazón!
¡el administrador pasionario de mis impulsos,
y el rector -sea desde la emoción
y también desde la razón-
de cómo lo viva a Este Momento!…
A ese, que hace un momento me sobresaltó,
descolocándome en mi puesto,
¡pero a su vez instándome
a esta sana reacción!:
La de adentrarme en Mis Adentros,
en actitud de abrazo y de rflexión,
Para que desde allí, y con mis mejores argumentos,
y con mis energías recompuestas por su propia depuración,
¡ahora ya, abocarme a lo que viene!
¡A lo que está o desplegado,
o ya en ciernes quizás,
y que me perturba a mi cabeza!
¡a veces hasta un punto de casi quiebre,
por volviendo a ese silencio, a esa paz inmaculada,
a la que la encuentro aún en el peor escenario,
porque la tengo en mí bien apropiada!
¡Para retomar al fragor cotidiano,
siendo el mismo, ¡pero estando mejor!:
¡Por haberme autorregalado
a mi mejor obsequio posible,
de mi propia consideración!..
Y, en un acto de Un Propio Amor
¡haberme en un instante, abrazado!
¡A mi mejor Amigo, que sí que soy!
…. Y recobrando a mi arroyito, ¡y a mi bosque!
como escenarios primigenios y omnipresentes e in desplazables,
y que forman parte propia siempre de Mi Proceso..
..
..
¡E integrándoles en este momento, en este suceso!..
¡Aunque afuera el mundo
aún esté espeso,
o sea peligroso!
Y hasta sea ¡momentáneamente!
-y hasta para el mejor navegante-
«¡demasiado desafiante!»…