A Ceuta la defiende el pueblo,
con un gobierno fallido
y la mandíbula de un depredador
rodeando su cuello,
sin derechos ni libertades,
se abolió la Constitución,
con la imaginación atormentada
por la ineptitud subjetiva
y unos fines lucrativos.
El mar marca su rumbo invadido
por el negro monte enramado
en las noches lastimosas del verano.
Una súplica se funde
y escribe el último poema
sin respuesta, del otoño.