Esa sensación infinita,
Es la sensación del mundo
Que se resquiebra
Que lamenta de haber nacido
Un domingo cualquiera
En que Dios dormita
Bajo la ciega luz de este velo
El sinsabor de este juego
Se nos va quedando
Pegada como hiel en la boca
Ante esa angustia amarga
De no saber ¿Quiénes somos?
Y ¿a dónde vamos?
Que no hay fe que gobierne
La sonrisa de un niño
Que al caminar libre, no sienta
Los pies ni las manos
Ni del juguete querido
Que en vez de huellas
Nos dejen rastros de ángel caído.
Y esa fibra tenue y delgada
Con que cubre la fe y la esperanza
Nos lleve y guíe en el sendero
De un adiós corriendo tras el viento
Porque la vida es apenas
Esa sensación infinita
La sensación del mundo que llora
Muda y absorta
Tú, esfera dorada, quien cavilas
Que día será mañana?;
Si habrá luz este verano
O frío este invierno
Que finge estar sereno
Y despierto
En la única paz
Aturdida con el tiempo
Uno duerme, y no descansa
Llorar sin querer; reír sin desear
Quien abriga un amante sueño
En la modesta virtud teologal
Cosecha esperanzas
Cubiertas de migas y sal.
Y díganme, señores
Que dolor nos traerá la venidera
Que sensación habremos de atender
Ante el vientre y las entrañas
Si las estúpidas razones con que
Vive, ama y perdona
Se van sumergiendo en el lodo espeso
De la nada.
La sangre híbrida
Esa sensación infinita
Es la sensación del mundo
Que llora cuando apenas
Es un germen de trigo.
Y díganme, señores...