¿CÓMO SABER SI UN POEMA ES BUENO?
¿Cómo saber
si un poema es bueno?
No hay regla,
ni balanza,
ni juez que pueda medir
lo que sucede
cuando unas palabras
encuentran a quien las necesita.
Hay poemas
que pasan de largo.
Se deslizan
sin hacer ruido,
como una carta perdida
entre papeles viejos,
sin dejar más que un leve
desorden en la mesa.
Y hay otros
que se alojan en la mente,
entran despacio en la sangre,
recorren el cuerpo
como una música antigua
que no sabíamos
que veníamos buscando.
Y, de pronto,
se quedan en el corazón.
Pero tal vez
el poema que pasó de largo
no era malo.
Tal vez llegó
a una puerta cerrada.
Tal vez faltaban
esa herida,
esa tarde,
ese recuerdo.
Tal vez necesitaba
otro momento,
otra vida,
otros ojos
capaces de reconocer
lo que aún
no les había ocurrido.
Porque hay poemas
que nacen antes
que su lector.
Y esperan.
Esperan años,
a veces una vida,
hasta encontrar
la forma precisa
donde sus palabras
por fin puedan quedarse.
Entonces dejan de ser
tinta sobre una página.
Se vuelven memoria.
Se vuelven piel.
Se vuelven esa frase
que alguien lee
y se queda mirando el vacío,
porque acaba de descubrir
que otro nombró
lo que él nunca
había sabido decir.
Tal vez ahí
esté la poesía.
No en ser comprendida
por todos,
sino en encontrar
a uno
que, al terminar de leerla,
sienta que algo,
muy adentro,
ha vuelto
a casa.