Cruje el asfalto en sombras y el ritmo se quiebra, un latigazo seco frena la marca en la penumbra, la carne cede al golpe, la carne desfallece, mientras el eco helado de una zancada muerta suspende la noche y la luz desdibuja.
No es el tendon roto ni el musculo desgarrado, es el vacio denso que se asienta en el pecho, el vacio que se abre cuando el paso se apaga y el alma, sin su vuelo, se arrastra en el cueva donde los sueños yacen bajo un frio techo.
Late el corazon tenaz, mas late prisionero, sin el viento en el rostro, sin la senda infinita, ardiendo en el veneno de la inmovilidad. Pesa mas el silencio del zapato apagado, que el dolor que la piel en silencio ha dejado.
Se pudren los kilometros en la mente cansada, fantasmas de carreras que no habran de llegar, la herida esta en el fondo, donde reside el brio, un luto sin cadenas, una sombra amargada que ahoga los latidos por minuto con su lento pesar.
Atado a la penumbra el corredor contempla el cronometro abandonado y el camino ausente. El cuerpo sanara con el paso de los dias, pero el alma desgarrada en su celda oscura no reia, sigue sangrando en sombras, inerte y tullida.