El escriba de la penumbra

Cuando desperté, ya no era el mismo lugar

Hoy abrí los ojos y no reconocí el techo.

Las paredes eran blancas, demasiado blancas… como si alguien hubiera borrado de un golpe todos los colores de mi vida. Había enfermeras caminando en silencio, médicos entrando y saliendo, rostros desconocidos que me observaban con una mezcla de cuidado y preocupación.

Miré alrededor buscando una respuesta.

¿Dónde estoy?
¿Qué pasó?
¿Por qué estoy aquí?

Pero mi memoria estaba vacía.

Lo último que lograba recordar era la noche anterior. Me había dado un baño, me había puesto ropa limpia y, como tantas otras veces, me senté a rezar.

Después… nada.

Un abismo.

Un pedazo de tiempo arrancado de mi memoria.

Entró un médico. Lo miré intentando encontrar en sus ojos aquello que mi mente no podía recordar.

—Doctor… ¿qué pasó? ¿Por qué estoy aquí?

Él respiró profundamente y me respondió con calma:

—Tranquilo. Estás en una clínica psiquiátrica. Anoche llegaste después de un episodio psicótico.

Sentí que el silencio de aquella habitación se hacía todavía más grande.

No recordaba nada.

Me quedé mirando mis manos, preguntándome dónde habían estado, qué habían hecho, qué había sucedido mientras yo no estaba allí para verlo.

Y entonces sentí miedo.

No miedo a las paredes blancas.
No miedo a las enfermeras.
No miedo siquiera a estar en una clínica.

Sentí miedo de mí mismo.

De mi propia mente.

De ese lugar oscuro al que, sin saber cómo, había llegado.

Y una pregunta comenzó a repetirse dentro de mí:

¿Será que ya estoy llegando a mi final?

Quizás por eso la última imagen que conserva mi memoria es la de mí mismo rezando.

Tal vez aquella noche no estaba despidiéndome de la vida.

Tal vez, sin saberlo, estaba pidiendo que Dios me sostuviera cuando yo ya no pudiera sostenerme.

Y mientras una lágrima recorría mi rostro, comprendí algo:

A veces uno no se pierde cuando deja de saber dónde está.

A veces uno se pierde mucho antes… cuando deja de reconocerse a sí mismo.

Pero si amanecí aquí, en esta habitación blanca, respirando todavía…

quizás mi historia no terminó.

Quizás este despertar, por doloroso que sea, no es el final.

Quizás es otra oportunidad para volver a encontrarme.