Corremos para ahorrar tiempo
y luego no sabemos usarlo;
nos sentamos solos y aburridos,
vivimos en la apatía, agotados.
Le hemos enseñado al mundo
a vivir a la velocidad de la luz,
y ahora nos molesta todo aquello
que no sale de la pantalla azul.
Y quizá la verdadera rebeldía
esté en el silencio, en quedarse quieto,
en no actualizar, no exigir, no deslizar...
en aprender a disfrutar cada momento.
Esperar...
Cómo crece un árbol,
cómo cicatriza una herida,
cómo llega la lluvia,
cómo florece el amor,
cómo en el vientre se desarrolla una vida.
Y recordar...
Que no todo lo importante
te va a llegar en un instante.