Manigoldo

La sustancia de la entrega

 

La sustancia de la entrega Durante años medí el amor con la cautela del herido, acostumbrado a ver partir a quienes solo sabían restar, manos que tomaban sin permiso las piezas de mi alma y dejaban a su paso un silencio difícil de nombrar. Pero tú no llegaste a arrebatarme lo poco que quedaba: tu presencia vino a completar mi vida, a pacificar el alma.

 

Contigo saltaron por los aires las defensas y decretos, las reglas frías con las que juzgué a las sombras del pasado; superaste cualquier cálculo, cualquier concepto previo, y en la nobleza de tus actos hallé el refugio esperado.

 

Resulta inútil aplicar antiguos parámetros a tu figura, cuando tu forma de querer desborda toda mi lógica y cordura. ¡Y qué exquisito se vuelve el mundo cuando la espera termina! Cuando tras la prudencia y la distancia del día a día, el roce sutil de tu piel se encuentra al fin con la mía, convertimos el espacio privado en un santuario de armonía.

 

Un toque de tus manos sobre mi cuerpo no es mero deseo: es el lenguaje de dos espíritus encontrándose en lo que veo. Entregarse a la persona correcta, Pelaita hermosa, es apostar al amor verdadero sin miedo al remordimiento o la caída; porque quien de verdad te ama no exige saltos al vacío, sino que toma tu mano y le devuelve la paz a la existencia. Así, bajo la venia del Creador y el curso del destino, compruebo que en tu sustancia encontré mi verdadero camino.