Confidente999

Centinela

A veces, tras el cristal,

veo un extraño espejismo

que se parece a mí mismo,

pero dejo de mirar

por si acaso reconoce

que fui uno de los doce

de aquella última cena

donde firmó mi condena

un beso dado al azar.

Y, llevado por las dudas,

confundo al tipo de enfrente

con la imagen de un tal Judas

al que culpé de inocente.

 

A veces, en esta acera,

suele haber una persona

y, al pasar, dice: perdona,

¿no te conozco de algo?,

me resultas familiar.

Por la tangente me salgo

e intento disimular,

pero me tiende la mano

el ser antidiluviano

a quien pude conocer

en un pasado lejano,

aunque pudo ser ayer

cuando vi a este fulano.

 

A veces, cuando me meto

en la cama muy cansado,

al mirar al otro lado

me encuentro con un sujeto

que lleva mi misma cara.

Y me pone en un aprieto,

como si me recordara

que ya compartió conmigo

los sueños y duermevelas,

de forma que no consigo

tener libre mi parcela

en el lado del colchón

exento de la presión

de notar a un centinela.

 

En contadas ocasiones

noto alguna interferencia,

como si fueran visiones

con idéntica apariencia

al que veo en el espejo;

luego, se para en la esquina

y noto que me examina.

Cruzo la calle y me alejo,

ella se queda muy quieta

y yo la observo de lejos,

pero la extraña silueta

sabe que yo no la dejo

de mirar por el rabillo,

y la huida es un fracaso

porque a mi espalda lo pillo

pisando por donde paso.

 

Después de un largo viaje

le di largas al cansino

que ejercía su espionaje

controlando mi destino.

Y di un giro a la veleta

para que el viento no sepa

con qué valija camino

cuando porto mi maleta.

 

A veces oigo las voces

de alguien que me sonríe

y me digo: no te fíes...

ni tú mismo te conoces.