Como espectros transeuntes
con dientes esmerilados,
caníbales invisibles
de guerras incoherentes
firmadas por sus lacayos,
rasgan las podridas carnes
de los cuerpos fallecidos
bajo escombros humeantes.
Repudiando blancas flores
de los muertos corazones,
aceptan carroña infame
cubierta con agonías
de los hijos y las madres
dormidos tras la estampida
de los sicarios volantes
que matan en un instante.
JOSE ANTONIO GARCIA CALVO