Mandela
​La lira va a contar
la historia del bastión del continente,
capaz de derribar,
con ánimo valiente,
el muro del ultraje más hiriente.
​Un canto a la hermandad
que nace desde el fondo del abismo,
buscando la equidad,
venciendo el vil racismo,
hallando la justicia en uno mismo.
​En tierra de Mvezo,
nació de la corona un artificio;
allí tuvo comienzo,
con temple y muy buen juicio,
un líder destinado al sacrificio.
​Rolihlahla al nacer,
oyó en las asambleas el consejo;
de los ancianos ver
el imparcial reflejo,
sembró la democracia en el bosquejo.
​La ley en Johannesburgo,
vistió de abogacía el pensamiento;
buscando un buen demiurgo,
frenó el arrollamiento
que el negro padecía al sufrimiento.
​Con «Liga Juvenil»,
soñó la Carta de la Libertad;
un pueblo de marfil,
con plena dignidad,
marcando nuevas sendas de igualdad.
​El régimen brutal,
impuso el apartheid en la pradera;
con saña criminal,
alzó una gran barrera
que dividió la patria por entera.
​Los textos del saber,
abrieron en su mente una lumbrera;
Thoreau le dio el deber,
de no seguir la acera
del orden que el tirano dispusiera.
​De Gandhi la lección,
concatenó la firme resistencia;
moviendo la nación,
buscando la conciencia
para apagar el fuego y la violencia.
​Mas viendo la opresión,
el brazo armado tuvo su destino;
la dura rebelión,
marcó al fin el camino,
buscando defender al campesino.
​La fuerza del obrero,
unió en la mina el puño levantado;
el líder compañero,
al pueblo encarcelado,
dejó en la huelga el grito organizado.
​Las féminas de pie,
guardaron el fulgor de la trinchera;
con dulce y viva fe,
alzando la bandera
cuando la oscuridad mostró su fiera.
​Su ideario no fue el odio,
tampoco fue el dominio y jerarquía;
buscó en el nuevo podio
romper la cruel jauría
de la marginación y oligarquía.
​Aunó que libertad
no empieza al terminar el descontento,
sino la facultad
de dar al pensamiento
respeto, voluntad y crecimiento.
No es libre solo el ser
que rompe las cadenas de sus manos,
sino vivir y hacer
que el prójimo y hermanos
no sufran la opresión de los tiranos.
​La democracia plena,
donde la voz del pobre sea escuchada;
sin casta ni condena,
con gracia restaurada,
en una patria justa y respetada.
​De frente al tribunal,
en Rivonia sostuvo la bandera;
«Es este mi ideal,
la vida sin trinchera
por una patria libre y duradera».
​La cárcel llegó al fin,
en Robben enfrentó el confinamiento;
allí, en aquel jardín,
templó su sufrimiento,
sin dar al opresor el vencimiento.
​La celda fue un altar,
escuela de doctrina y pensamiento;
propuso no callar,
forjando en el tormento
el aula del heroico movimiento.
​De Tolstói el volumen,
en Robben Island fue la gran lumbrera;
le dio el sabio resumen
de Kutúzov y espera,
venciendo al opresor de otra manera.
​Un libro de poemas,
el Invictus guardado en la memoria,
rompió muchos esquemas,
cambió la vieja historia,
haciendo del esclavo una victoria.
La voz se hizo escuchar:
«Soy el invicto dueño de mi ser,
el hombre que al luchar,
al fin pudo vencer
la sombra de la reja y del poder».
​Dos décadas y más,
el mundo reclamó excarcelación;
dejando el odio atrás,
frenó la represión,
pidiendo para todos comunión.
​El Ubuntu ancestral,
le enseñó que la vida es compartida;
su norma espiritual:
la fe restablecida,
curando la nación adolorida.
​La mesa de la unión,
convenció al opresor y al oprimido;
salvando a la nación,
el odio fue vencido,
naciendo un nuevo pueblo compartido.
​Verdad y sanación,
con Tutu como guía del proceso;
buscar la confesión,
sin sed de retroceso,
logrando la justicia en el suceso.
​El voto universal,
llevó su apelativo a presidencia;
un hito sin igual,
venciendo la inclemencia,
dejando atrás los días de demencia.
​El juego del rugby,
unió las dos facciones separadas;
el triunfo brilló ahí,
las almas abrazadas
quedaron para siempre vinculadas.
​Dejó el poder real,
sabiendo que la patria continuaba;
su gesto fraternal,
al mundo demostraba
que toda democracia en paz reinaba.
​Cruzó cada frontera,
llevando la concordia a otras naciones;
el fin dio a la lumbrera
de viejas divisiones,
sembrando la hermandad entre regiones.
​Contra el estigma cruel,
alzó su voz por la salud del hombre;
congruente a su papel,
grabó con luz su nombre,
haciendo que la tierra el bien alfombre.
​Apaga el verso oh lira,
mas no lo que Madiba ha encendido;
el mundo entero mira
su nombre no vencido,
que luz toma en el pueblo redimido.
​Gigante de la paz,
su huella en la memoria permanece;
su espíritu sagaz
en la justicia crece,
y en la conciencia humana resplandece.
Samuel Dixon
Achuapa-León, Nicaragua
20 de septiembre, 2026