Se siente inmensa la noche,
y fría,
y larga,
y pesada.
En la bóveda celeste
titilan lánguidas estrellas,
más pequeñas y distantes,
que de costumbre.
El silencio se rompe al sollozar,
ya no hay lágrimas,
solo profundos suspiros,
y congestión.
Ciertamente deberías estar aquí,
bajo la manta,
entre mis brazos,
dándonos besos. ¡Ciertamente!
Pero prefieres el mar entre orillas,
aplacar penas a solas,
y negar oportunidad a sentir
por no transigir.
¡Que ingrata postura!
¡Que cruel posición!
Que la vida cumpla tu ansia
Porque esta es mi rendición.