Leoness

La tasca de Sagasta

Al azulejo del bar,

frío, limpio y con empaque,

le hace el aceite un ataque

y el vapor de un buen guisar.

 

Sufre el chato al chorrear,

padece el vermú en su esquina,

y entre grasa y aguardiente,

mira impasible a la gente

con su mugre cristalina.

 

Es de Madrid este lienzo

donde el borracho tropieza,

que empieza con la cerveza

y acaba con el comienzo.

 

Ni el fregado más intenso

le borra el siglo pasado:

blanco fiero, reluciente,

que aguanta el codo imprudente

del parroquiano cansado.