En la vigilia nace un leve fuego
que alumbra sombras que mi afán provoca;
la noche escucha el pulso que me evoca
la antigua voz que vuelve desde el ruego.
Camino lento por el hondo pliego
del alma, donde el tiempo se desboca;
mi duda es viento, pero no me toca,
mi fe es raíz que permanece y luego
descubre el claro en que la luz descansa,
no en la fortuna ni en la gloria esquiva,
ni en la promesa que la vida lanza.
Miro hacia dentro: la verdad cautiva
se abre en el silencio, y en su paz me alcanza
el firme amor que en lo esencial se aviva.