El amor no recibe visitas ni reuniones.
No le falta un lugar para existir
ni es esclavo de nadie,
porque nunca ha nacido
vez alguna que no se le conozca,
y eso es más que una vida.
Aún estando en silencio,
aún revelando su secreto,
él seguirá latiendo y luego derramándose
sin tocar,
sin escurrirse,
invisible en el aire,
invisible en el fuego que siempre me ha quemado,
ciego,
sin una sola sombra de lo que ve la muerte.