En festejos memorables,
Duraderos y salvajes,
El noble montaba el carruaje,
Y el campesino usaba el pasaje.
Brillo lujoso y vibrante,
Desprendía el afortunado,
Y la verdad tajante,
Es que estaban a 180 grados.
Una sociedad tan desigual,
Que se moría de pena,
Y no solo de eso, sino que
De hambruna y pobreza.
Y aún así era aceptado,
Ese era el \'plan de Dios\',
Y el pueblo su lacayo.