No tengo otra postal,
solo esta trinchera que me niega
con falso vegetal.
Este cielo,
como costra
que no sangra
ni va a curar.
Ocho pasos inciertos,
estruendosos como el sigilo,
que no van a ningún lugar.
Una tregua
que no espera,
su beso de metal.
Y esta carne abierta,
en su deseo de hormigón.
Soy un nadie
sin identificación,
solo el hedor que me nombra.
La bala por llegar.