y tocándome el hombro
me preguntó si todo esto
es para no perderme
entre sus matorrales.
vi de reojo su toga
y sus manos con callos.
medio latido saltado,
en mi nuca viento helado.
sin saber bien le respondí
solo para no callarme,
que ya estoy medio perdida
entre mi propia carne.
ambas miramos arriba,
hay un revoltijo,
casi apocalíptico.
no es nada críptico
y solo enciendo otro cigarro.
hacia otro lado miró,
suspiró y me preguntó
\"¿te da miedo abandonarlo?
o
¿abandonarte?\"
la miré agudamente,
\"deja de molestarme\"
exhalé rápidamente,
porque arriba el cielo
me está absorbiendo.
me dice que,
me está viendo,
tensos están mis hombros,
incierto mi futuro,
y aferrados mis brazos
a un poste tan bello,
pero igualmente oxidado.
\"nunca has fumado.
solo te escondes
tras el amoníaco\"
¿qué?
\"tras el humo, niña,
que no estás inhalando\"
sigo fumando,
¿me he condenado,
si ya tengo los pies
tan enraizados?
su mano no suelta mi hombro,
me obliga otra vez
a mirar el humo,
tras el que me he estado
ocultando.