Tal vez me equivoqué del viento
que despeina mi cabellera...
De la gracia que pondera mi humor.
De la tibieza embriagadora de mi cuerpo...
Tal vez me equivoqué del ruido
donde penetraba mi quietud;
del pan que saciaba mi apetito.
Tal vez me equivoqué de horizonte;
de mirar aquel horizonte...
Tal vez, me equivoqué de risas
que no alcanzaban ni cunas ni sueños...
Tal vez me equivoqué del alimento,
que dio voz a los alcaravanes ocultos;
a las hienas ocultas; a la mentira disfrazada.
Tal vez... me equivoqué de mares;
de colinas; de ríos; de caminos;
de dunas y nortes; de glaciares y sures...
Pero... ¡Tal vez!, ¡Jamás!,
me equivoqué de mi propio silencio...
Del silencio por el que siempre aposté.