Una quietud, un domingo
tarde, casi noche, reloj
ralentizándose,
piensa en mañana,
volver a empezar —no, estoy
de vacaciones, se me olvidaba—,
voy al frigo, me sale cenar ya,
a ver..., sopa, plato hondo,
motivos:
la Cartuja de Sevilla,
blanco con dibujos en añil,
mi madre. renuncio a la tele,
que la mente corra, cague
si tiene que cagar, ladre
lo que no ladró, juegue
con otras mentes, huela
los traseros que se les cruce,
y yo, que me pierda por entre
las geometrías de este modesto
hule, y de repente ella, sus ojos,
su sonrisa, su posibilidad.
Dejo el móvil, borro hacia atrás
el mensaje que estaba iniciando,
mañana será otro día, estará
durmiendo, ¿no?, mañana trabaja,
no debo encenderla, la dejo en off.