Fernando J. Rojas Motta

HOY, LA VIDA ME RESPIRA SOBRE EL HOMBRO

Hoy, la vida me respira sobre el hombro

Cual hálito desecho en la maraña

De la oquedad y el desencanto

Donde sobre el meñique, juega

Aguardando algún compromiso

Con esta vida que jadea caprichosa.

Y no me dejes llorando

Ante esta luz amarga y sin retorno,

Donde mis celos vean suceder

El canto ceremonioso de un ave

Que busca un mejor amanecer.

 

 

Me pregunto adónde se han ido los días

Y bajo que pasadizo andará la muerte

En este atardecer lejano y complejo.

No me digas la causa de tu asombro;

El ser es barro y masa de carne

Que vive en tu dolor de clavos

Junto al madero roído de tu ausencia

Y te sufre porque no eres presente

Ni el domingo de una tarde cualquiera

Que anochece contigo…titilante luz

De luciérnagas ajenas.

 

Hoy, la vida me respira sobre el hombro

Y es ente de un ser amoroso y perverso

Que dibuja huellas en mis zapatos

En esta arena que urge de pie

Caminar entre la hoz crispada:

La sensación cautiva del llanto.

No me veas asiéndome de tu mano

Donde me asfixie como cruel mendigo

La espesa rubiedad de tus días sacros

De límpidos vaivenes

Y bálsamo sombrío.

 

 

Pero huyes para que este ser te humanice

Porque eres verdad insoluble

Bajo los cuatro puntos cardinales

En que atavían mi espalda.

Y este salado sudor de mis lágrimas

Es llave común para adentrar en tu misterio

La muerte que al cegar te reclama,

Como un lábil reflejo humano,

Una vida en total calma.