Llegaste tú
en el momento menos esperado,
cuando hasta la fe
había resignado.
Llegaste tú
cuando en mi mente
solo estaba presente
un futuro
sin verte.
Llegaste tú
a través de un mensaje,
que más que letras
fue un despertar
incesante.
Llegaste tú
cuando mis ojos
ya te habían observado,
pero mi mente
te había olvidado.
Llegaste tú
a despertar pasiones
e incertidumbres
en ocasiones,
porque a mi vida
aún le faltaba
un poco de caos.
Llegaste tú,
a pesar
de mis inseguridades,
proporcionándome
oportunidades.
Llegaste tú
a llenar los vacíos
y a reclamar
el corazón mío.
Llegaste tú
y no te quieres ir,
porque yo tampoco
te pienso dejar partir.
Llegaste tú
y ahora estás aquí,
con tu sonrisa,
la misma que brota
de tus labios carmesí.
Llegaste tú,
me quedé yo,
y aquí estamos
los dos.