Antonio Portillo Spínola

Donde late la corteza

 

​Vengo a abrirte mi grieta, derrotado en la niebla,

a buscar en tu savia lo que en mí no se enmienda:

donde el liquen abraza la piedra que se quiebra

y una hebra de agua rescata las tinieblas.

​Amo tu piel de musgo cuando baja la tarde;

apoyo aquí la frente, sofoco mi pisada,

y aprendo del silencio la espera demorada

del latido primero del helecho salvaje.

​Bebo el agua sombría. Dejo entrar el espino.

No distingo mi sangre del cauce de la arcilla;

se me enredan los dedos al pie de la gramínea

y el labio de mi carne se reblandece en limo.

​Cae la noche serrana. Me reciben tus raíces,

que se van anudando sobre la hendidura.

El pulso de tu savia endurece la juntura:

donde estuvo mi grieta ya late tu corteza.

 

Antonio Portillo Spínola ©