No siempre el poder viste de corbata,
ni firma pactos bajo el calendario;
a veces una ayuda se contrata
y cobra lealtad como salario.
Hay manos que te abren siempre la puerta,
pero cobran después su gran peaje.
la dádiva parece siempre cierta,
hasta que muestra el hierro del blindaje.
En foros, oficinas, vecindarios,
la conveniencia afila su cuchillo;
un -hoy por ti- redacta un formulario
-mañana por mí- cambia de bolsillo.
Quid pro quo: son dos sombras, frente a frente,
intercambian las llaves del contrato;
yo te concedo un cielo conveniente,
tú me devuelves luego el mismo trato.
Y así, de mano en mano, se propaga
la vieja enfermedad de convenir;
hasta la dignidad se vuelve paga,
si damos para luego recibir.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026