𝗥ebecca

𝗚𝗘𝗢𝗟𝗢𝗚𝗜𝗔 𝗗𝗘 𝗨𝗡𝗔 𝗙𝗨𝗥𝗜𝗔

 

𝓗ay cosas que no llegan de golpe;

se depositan.

 

una capa casi imperceptible sobre otra,

como sedimentos en un lecho

que nadie recuerda haber visto formarse.

 

al principio

todavía existe espacio entre ellas.

 

después, los pensamientos 

empiezan a comprimirse

bajo su propio peso.

 

mi cabeza se vuelve un archivo sin índice:

fechas sin ordenar, expedientes abiertos,

preguntas que regresan

con la obstinación de una aguja imantada.

 

intento cerrar los cajones,

pero algo siempre queda afuera.

 

entonces aparece la presión,

no tiene forma precisa.

 

es una fuerza subterránea, 

una maquinaria ciega

trabajando debajo de la corteza,

empujando lentamente contra todo 

lo que encuentra a su alrededor.

 

y llega un momento

en que la superficie deja de ser suficiente.

una fisura, delgada y casi invisible 

 

pero suficiente para demostrar

que debajo de la quietud

algo lleva demasiado tiempo moviéndose.

 

hay cosas que quisiera desplazar

con la violencia de quien intenta

cambiar de sitio una montaña.

 

pero algunas tienen raíces

más antiguas que mi voluntad.

 

y ahí nace la pregunta

que ninguna grieta consigue responder:

 

¿por qué ocurre aquello qué no puedo modificar?

 

la presión continúa, solo que ahora sé

que no todo movimiento

tiene que venir de afuera.

 

a veces basta con que una placa ceda 

unos milímetros

para que el paisaje entero

deje de coincidir con el mapa.

 

después queda el territorio;

no intacto, tampoco destruido.

 

solo atravesado por una línea nueva

que antes no estaba.

 

la observo, no intento cerrarla.

 

tal vez todavía no sé

qué hacer con todo lo que la abrió.

 

pero al menos

ya conozco su nombre.

 

y eso, por ahora,

es una forma de no perderme