Kenia Arancibia

El verdadero legado

Al nacer te miraron con un poco de desprecio,

pues aquel “legado” que esperaban, en ti no tendría heredero.
En tu niñez tuviste sueños que cumplirías al crecer,
por eso anhelaste con ansias pronto poder florecer.

Y es que también la infancia perdió su matiz.
No fuiste tú misma, te hicieron callar
Solo cumpliste deseos de quienes dictaban tu andar.

En tu adolescencia tus cimientos y tus garras te esforzaste en forjar,
pero en el camino te salieron espinas
que quisiste arrancar.

En tu adultez con sueños rotos te hallaste.
Tus garras habían sido cortadas,
tus cimientos resquebrajados,
y es que al final la infancia aún dejaba rastros,

pero como una flor de loto imperecedera te levantaste
para abrirte paso a cada batacazo
con el que luchabas en todos tus trazos
como huellas en un lienzo que dejabas a cada paso.

La mujer que eres hoy es de garra y cimientos férreos,
porque tu mayor legado será dejar tu huella,
por donde quieras que sea tu próximo andar.