Oh mi señor, quiero yo oír…
a mi gran amor, rogarle a usted
que lo dejara poseer mi corazón,
no como un ladrón… sino como
el dueño de lo que ya fue dictado.
No sabe cómo es él, podría
dañarle sus virtudes con seis
palabras brutales, y él jamás
cedería a su voluntad… oh padre
Mío, yo a usted lo respeto… pero él no.
Es libre cuando el hombre
débil se deja pisotear, no
empezó esto como una rebeldía,
si no… el principio de nuestra historia,
la más repetida… pero nunca la última.
Mi lord… déjeme proponerle
matrimonio a mi cuervo…
le juro que él vale un veinte,
¿por qué ese número?, bueno,
si él me da suerte… el número igualmente.