🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮

Gandhi

 

Gandhi

La lira va a cantar
la intensa vida, la sutil esencia,
del alma que al andar,
despierta la conciencia,
fundiendo el pensamiento y la paciencia.

Bebiendo del saber
de libros sabios y de mentes puras,
forjó todo su ser,
unió las escrituras
y al mundo en las instancias más oscuras.

En la patria oriental,
Porbandar vio la luz del nacimiento;
buscando un ideal,
con leyes y argumento,
llegó al occidental conocimiento.

Del Támesis, parénesis,
de trajes exornó la austera mente;
discernimiento y génesis
de un joven elocuente
que asimilaba el mundo del poniente.

Mas en vagón del sur,
el África mostró la cruel herida;
la sombra del azur,
la dignidad caída,
allí la resistencia fue nacida.

Un viaje de Natal,
marcó con el racismo el nuevo rumbo;
ante el furor mortal,
el miedo tiró al tumbo,
y el alma al opresor causó un retumbo.

La fuerza del valor,
opuso la constancia a la injusticia;
calmando el gran dolor,
sin ira ni malicia,
frenando del imperio la codicia.

El Gita y su cantar,
abrieron en el alma un hondo abismo,
llamando a desterrar
escarnio y narcisismo,
hallando la justicia en uno mismo.

Tolstói y su destello,
al ver el reino místico en la mente,
dejaron puesto un sello:
frenar severamente
el ímpetu con calma al oponente.

De Ruskin la lección,
con el último pan como quimera,
le dio la convicción
de que la patria entera
prospera si el más pobre floreciera.

Thoreau y su escribir,
le dieron la herramienta del concierto:
la ley de no cumplir
con el decreto muerto
que impone el opresor en el desierto.

Al suelo del hogar,
volvió con el ropaje del olvido,
dispuesto a caminar,
oyendo el gran gemido
de un pueblo por los años sometido.

Andando la región,
el sabio peregrino vio la pena;
sintió la compasión,
rompiendo la cadena
que al hombre campesino lo enajena.

El éxodo hacia el mar,
buscó la blanca sal de la ribera,
logrando desarmar,
sin armas ni trinchera,
al burdo y ruin imperio y su bandera.

El huso de hilvanar,
tejió la libertad con el ejemplo,
viniendo a demostrar,
con la paciencia en templo,
que vence el textil propio al contratiempo.

De khadi, el lienzo hermoso,
los cuerpos revistió a la resistencia;
un hito tan glorioso,
ganando la indulgencia
al apagar del opresor la herencia.

El ideal Swadeshi,
llamó a la economía soberana;
surgiendo desde allí,
la dignidad humana
que rompe sujeción si es tosca y vana.

El paso de la alianza,
la huelga del ayuno redentor,
al pueblo dio confianza,
sembrando el pundonor,
rompiendo las cadenas del temor.

La cárcel no frenó
la marcha de la gente convocada;
el rezo levantó
la fuerza inesperada
de una nación entera despertada.

Buscando la equidad,
borró la división de la injusticia;
pidió fraternidad,
venciendo la malicia
que al paria desterró por la codicia.

Los harijans al fin,
hallaron el respeto merecido;
del uno al otro confín,
el rezo compartido
unió al hindú y al musulmán herido.

La voz de la mujer,
halló en la resistencia su trinchera;
dejando ya de ser
figura prisionera,
marchando en la vanguardia misionera.

El quid de la razón,
logró la libertad tan esperada;
surgió una gran nación,
la tierra liberada,
aunque dolió mirarla fragmentada.

Ahimsa es el pilar,
la no violencia que el rencor aplaca,
capaz de transformar
la fuerza que destaca
cuando la espada del tirano ataca.

Es norma del amor,
no devolver el golpe recibido;
vencer al opresor,
dejándolo vencido
por el perdón que el alma ha concedido.

Satyagraha es ley,
abrazo a la verdad que persevera;
más alta que algún rey,
justicia verdadera
que al mundo entero sirve de lumbrera.

Vital filosofía,
el fin no justifica algún sendero;
la rectitud es guía,
el medio verdadero
debe ser puro, limpio y justiciero.

Sarvodaya es la luz,
el bienestar de todos como meta;
cargar con esa cruz
de forma anacoreta,
haciendo de la vida acción completa.

La muerte llegó al fin,
tres balas silenciaron el aliento;
mas lejos del confín,
su eterno pensamiento
quedó grabado en medio de este viento.

La pólvora cayó,
dejando una memoria inmarcesible;
el cuerpo se extinguió,
mas la luz apacible
la senda de la paz hizo posible.

Legado universal,
que cruza las fronteras de los mapas;
ejemplo sin igual,
que vence las etapas
y el odio de la historia en las solapas.

Creció la semilla,
en manos de otros líderes del mundo;
la estela que aún brilla
un cambio dio profundo,
marcando un rumbo eterno y pudibundo.

La historia demostró
que el alma limpia vence a los cañones,
su ejemplo nos dejó
sembradas las lecciones
para romper las duras opresiones.

Ahimsa queda aquí,
la fuerza del amor que no fenece;
germina oh lira así,
la tregua que merece
un mundo que en las sombras amanece.

                             Samuel Dixon
                  Achuapa-León, Nicaragua
                       18 de septiembre, 2026