No pierde el hierro su temple por ser fino,
ni quiebra el roble su fuerza ante la brisa;
se puede andar con firmeza el camino
vistiendo el alma de seda y de sonrisa.
El ademán refinado no acobarda,
ni la palabra serena resta brío;
la mano limpia que la flor resguarda
es la misma que sostiene el acero en el río.
Sabe el coraje ceñirse de nobleza,
guardar el brillo en la vaina del respeto;
no hay contradicción en la delicadeza
cuando el honor es el verdadero secreto.
Mansa la voz, pero firme la mirada,
dulce la entrega, indomable el sentimiento;
lleva la rosa la espina bien guardada
sin perder nunca su gracia ni su aliento.
LaEspadaSutil
©Violeta