Hoy es un día para celebrar,
para agradecer que la vida
tuvo la bondad de regalarme
el privilegio de tenerte como madre.
Pero también es una oportunidad
para mirar hacia atrás
y agradecerte por cada vez
que estuviste cuando yo no sabía cómo seguir,
por cada palabra que llegó a tiempo,
por cada abrazo que dijo
lo que yo necesitaba escuchar.
Hoy quiero agradecerte
por tu paciencia,
por tu manera de acompañarme,
por creer en mí incluso en esos días
en los que yo mismo dejé de hacerlo.
Y también quiero pedirte perdón
por las cosas que no supe hacer bien,
por las palabras que quizá te hirieron,
por las veces que no comprendí tus esfuerzos,
por aquellos momentos
en los que pude darte más
y no supe cómo hacerlo.
La vida no siempre ha sido sencilla.
Hay días que llegan
con preguntas que no sabemos responder,
caminos que parecen demasiado largos
y problemas que, por un instante,
parecen más grandes que nosotros.
Pero he aprendido algo:
hay tantas cosas que pueden complicarse,
tantas cosas que pueden doler,
tantas tormentas que pueden aparecer,
pero todo parece un poco más fácil
cuando tú estás conmigo.
Porque tu presencia
ha sido muchas veces mi refugio
sin que siquiera te dieras cuenta.
Has sido esa voz
que me recuerda que puedo continuar,
esa mano que permanece
cuando otras se sueltan,
esa certeza de que,
aunque el mundo cambie,
hay un lugar al que siempre puedo volver.
Quizá nunca encuentre las palabras exactas
para agradecer todo lo que has hecho por mí.
Quizá un gracias
sea demasiado pequeño
para una vida entera de sacrificios,
para tantas noches de preocupación,
para tantas veces que pusiste mis necesidades
antes que las tuyas.
Pero hoy quiero intentarlo.
Gracias, mamá,
por haberme enseñado que el amor
también se demuestra quedándose.
Gracias por cada día,
por cada consejo,
por cada preocupación,
por cada vez que dijiste “cuídate”
sin saber cuánto necesitaba escucharlo.
Hoy celebro tu vida,
pero también celebro la mía,
porque una parte de quien soy
existe gracias a ti.
Y si pudiera pedirle algo al tiempo,
no le pediría que se detuviera.
Le pediría solamente
que me conceda muchos años más
para compartir contigo,
para verte sonreír,
para devolverte un poco
de todo lo que me has dado,
para abrazarte sin necesidad de una fecha especial
y para decirte, una vez más,
lo que quizá no digo lo suficiente:
te quiero, mamá.
Feliz cumpleaños.
Que la vida te devuelva,
multiplicado,
todo el amor que has entregado.
Y que nunca olvides
que, entre todas las cosas que pueden complicarse,
entre todos los caminos que aún me quedan por recorrer,
hay algo que siempre hará el camino más fácil:
saber que estás conmigo.