…
Cuando el sol se iba ocultando
la Madre, miró a lo lejos,
la silueta de su vástago
en camino bien estrecho
y, en la puerta lo esperaba,
frente a casa de Ruperto,
(un vecino no muy grato
siendo a veces muy polémico).
—Buena noche, Madre mía.
Dijo Ernesto justo a tiempo
al llegar de nuevo a casa
y fingiendo poco aliento.
—Buena noche, hijo mío.
Respondió la Madre al verlo.
—¿Cómo estuvo tu jornada,
cómo estuvo tu ajetreo?
—Muy cansado Madre mía,
hubo mucho, mucho esfuerzo,
para continuar las obras
del Padre que está en los cielos.
—Ven descansa aquí en la hamaca,
mientras te hago el refrigerio;
pero luego continuamos,
con el tema sin reniego.
Y aquel joven nuevamente
se sacó pronto un pañuelo.
Él sudaba como nunca
y secándose iba el pecho
pues la arritmia le aumentaba,
pero no era para menos.
Cuando al fin llegó la Madre
le entregó su fresco bueno
el que siempre apetecía
como el dulce del cerezo.
Y la Madre se acomoda
en la orilla de un tapesco
y de nuevo las preguntas
dirigidas hacia el siervo.
—Oiga mijo—, le musita,
con un tono ya bien seco:
—Sé que viene muy cansado
pero yo quiero que hablemos
de los temas que temprano,
se quedaron en suspenso.
—¿Anda usted de enamorado
con la chica que no acepto?
—¿Y podría darme el nombre
si es que acaso es lo que pienso?
—Le recalco nuevamente
y no quiero meter miedo:
—Dicen que ella es prostituta
y se goza con buen sueldo,
que se ríe, que le miente
y cosecha buen resuello.
—¿Usted sabe y no responde,
porque juega a ser discreto?
—¿Dónde está la dignidad,
me pregunto, de su cuerpo?
—¿Es que acaso no aprendió
de su Tata Antonio Eugenio
que fue un hombre campechano,
pero un hombre siempre honesto?
—No me venga con mentiras
que bien sabe, las repruebo.
El muchacho acorralado
ya no tuvo más remedio
que cantar como hace el gallo
aunque no por jubileo.
—Yo le ruego me perdone.
Dijo Ernesto con sus nervios.
—Es que veo que es muy buena
y me ofrece lo que quiero.
—Y deseo, Madre mía,
que ella dé para el terreno.
—¡Una casa allá en la playa
con bolsillos bien repletos,
bien repletos de billetes!
—Ya me tiene hastiado el yermo
donde paso trabajando
y el sudor no favorezco.
Y la Madre ya indignada
espetó aquel hijo necio:
—¡Yo no quiero un mantenido
señalado por el pueblo,
antes muerta que dejarle
que se vuelva tal como ellos!
—¿Y no ha dicho ni su nombre
de ese zarandajo viejo?
—¡Anda di!, —¿cómo se llama?
—¡Qué me trague el vil infierno
por lo mucho que he gritado
y lo que te voy diciendo!
—Madre mía, tenga calma,
enseguida lo confieso.
—La «Política» es la dama
que se goza con el reino
pero todo el que la abraza
tiene todo lo que sueño
y le pido, que me apoye,
y las deudas le resuelvo.
—Quiero ser un diputado
de renombre como «Anselmo»,
solo tengo que entrenarme
para ser buen leguleyo.
Y le juro, por mi Tata,
que yo pienso en este pueblo
que ha sufrido y ha sangrado
y este es mi mejor momento
de ayudarlo como pueda
con el alma y con mis credos.
Y le dice aquella Madre
a los ojos, bien directo…
—Oiga bien lo que le digo:
«Yo no quiero verlo muerto
ni tampoco sin vergüenzas
ni valores que le muestro.
Si termina en una cárcel
(simplemente por sus egos)
solo espero nunca llore
si al final lo zampan preso...»
La sentencia quedó dada
y tallada como en hierro.
Hoy Ernesto está advertido
desde afuera, para adentro.
¿Qué camino tomará?
Ojalá que lo correcto…
Creo que imaginará,
lo que Ernesto haya resuelto.
¡No se apure y desespere,
que enseguida habrá otro texto...!
Mini glosario:
Leguleyo: discutidor. || 2. m. y f. Persona que aplica el derecho sin rigor y desenfadadamente. || 3. Nic. Persona que hace gestiones ilícitas en los juzgados.
Tapesco: Especie de zarzo que sirve de cama, y otras veces, colocado en alto, de vasar.
Yermo: Terreno inhabitado.
Vástago: Persona descendiente de otra.
Tata: padre (ǁ varón que ha engendrado). U. en algunos lugares de América como tratamiento de respeto.
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