No me intimida tu sombra, herencia de la muerte,
ni el eco de ausencias que pretenda mi caída;
sé que nacimos solos para hacernos fuertes,
y que nadie es el dueño ni el norte de mi vida.
Reino en mi propio centro, libre y sin temores,
pues quien se tiene a sí mismo, jamás se deshabitada.
Anita del Perú