No le pertenezco a nadie.
Esa es mi mayor libertad, dijo Kafka.
Yo tengo esa libertad.
Y aun así mi corazón grita y late por amor.
Quiere pertenecer.
Mi cabeza dice que no es para nosotros.
Esta es mi última reencarnación y tengo que afrontarla sola.
Sin hijos, sin familia, sin pareja.
Sola.
¿Y saben qué?
No se siente tan mal.