¿CUÁNDO PODRÉ OLVIDARTE DE TI?
¿Cuándo podré olvidarte de ti,
cuándo mi pecho dejará de llamarte,
cuándo estas noches dejarán de ser
un largo camino para recordarte?
¿Cuándo podré olvidarte de ti,
si todavía te encuentro
en los rincones de mi memoria,
si cierro los ojos buscando tu rostro
y el silencio me devuelve tu sombra?
Ay, corazón, no llores,
no la vuelvas a llamar;
que el amor cuando se marcha
no se puede detener.
Pero dime, corazón mío,
¿cómo le explico a la razón
que aunque ella no me quiera,
todavía la quiere mi corazón?
Yo le he pedido al tiempo
que me ayude a olvidarla,
le he pedido a la noche
que no vuelva a soñarla;
pero el tiempo no responde
y la noche es cruel conmigo,
porque cuando todos duermen
yo sigo hablando contigo.
He querido cerrar aquella puerta,
caminar por otros caminos,
decirme que ya es tiempo de seguir,
pero hay heridas que no obedecen
cuando todavía sangra el sentimiento.
No te culpo por no quererme,
ni convertiré mi tristeza en rencor.
Te quise con el alma desnuda,
sin condiciones, sin reproches,
sin pedirle a tu corazón
que sintiera lo mismo que el mío.
¿Cuándo podré olvidarte de ti?
¡Dime cuándo, Dios mío, cuándo!
Si por más que intento arrancarte de mí,
más profundo te sigo llevando.
No sé si fue mi culpa quererte tanto,
ni sé si fue pecado entregarme así;
solo sé que desde aquella distancia
hay un pedazo de mí
que todavía vive pensando en ti.
Y si algún día consigo olvidarte,
no será porque nunca te amé;
será porque aprendí, lentamente,
que también se puede amar
sin dejar de caminar.
Quizás llegará ese día
en que pueda pronunciar tu nombre
sin que se quiebre mi voz,
en que pueda verte de lejos
y no me duela el corazón.
Pero mientras llega ese momento,
déjame cantarle al silencio
lo que todavía no sé callar:
te quise, te quiero…
y aunque me duela quererte,
no te guardo odio ni rencor.
Porque hay amores que no terminan
cuando se acaba una historia;
terminan solamente
cuando deja de doler el corazón.
¿Cuándo podré olvidarte de ti?
Tal vez nunca…
o tal vez el día
en que aprenda a recordarte
sin querer volver a encontrarte.
Y entonces, por fin,
podré cerrar los ojos,
dejarte ir con mi último suspiro
y decirle al corazón,
sin lágrimas y sin dolor:
ya no tengo que olvidarte…
porque aprendí a soltarte.
Autor : Arturo De La Hoz Palencia, El bohemio puro
Septiembre 18 de 2026.