Más que el que nunca vio la luz primera,
más que quien oyó su voz más secreta,
fue aquel que vio su luz y la vendiera,
y convirtió la fe en vil marioneta.
Conoce el manantial de lo sagrado
y niega el agua santa que bebiera;
su propia luz convierte en su pecado,
vuelve su cielo en arma traicionera.
Del ángel fiel nació la sombra oscura,
que reniega de su propia certeza;
cuando la fe se vuelve mordedura,
y viste al odio de falsa belleza.
Quien conoció la llama de lo eterno,
convierte luego su verdad en bruma;
reniega de su sol: más se hace invierno,
y deja que su fe muera en la espuma.
No es el ciego quien vive en la ignorancia,
ni aquel que nunca oyó voz verdadera;
es quien vendió la luz de su conciencia
después de haber sabido bien lo que era.
Tú, Ángel caído, espejo de nada,
tu paraíso conoció la herida;
quien niega la verdad que le fue dada
lleva en su pecho la traición prendida.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026