WCELOGAN 🔛

La Ventana

LA VENTANA

 

 

 

Déjame decirte,

tú, coqueta,

yo, con la compostura

que me enseñaron a no perder;

pero la educación,

cuando el corazón se inquieta,

se queda detrás del escaparate,

con la puerta bien cerrada

y el letrero de «se alquila»

sobre la fachada.

 

Porque yo prefiero un palomo,

de esos que no saben de modales,

que llegue hasta tu ventana

sin preguntar por apellidos

ni por títulos nobiliarios,

y lleve atado a su pata

lo que no me atrevo a decirte.

 

Que encuentre tu ventana abierta,

que entre sin hacer ruido,

y que, si tú lo recibes,

sepa regresar conmigo

con una sola respuesta:

 

Que puedo pasar yo también,

que puedo pasar yo también;

si tu ventana está abierta,

¿por qué no voy a entrar?

Que puedo pasar yo también,

que puedo pasar yo también,

si el corazón ya dio permiso,

¿qué más debo esperar?

 

Me enseñaron los modales,

a medir cada palabra,

a no acercarme demasiado

cuando una dama me encanta.

Pero hay reglas que se olvidan

cuando una mirada llama,

y ningún caballero cuerdo

le pone cerrojo al alma.

 

Hoy me visto de gitano,

con la guitarra y la sonrisa,

y le dejo a la nobleza

sus carruajes y sus prisas.

Yo prefiero andar descalzo

por la calle de tu vida,

y bailar junto a tu puerta

si me regalas una sonrisa.

 

Por eso mando al palomo,

que no entiende de nobleza,

ni distingue entre un hidalgo,

un plebeyo o Su Alteza.

Solo sabe que en tu ventana

hay una luz encendida,

y que lleva entre sus patas

una carta todavía escondida.

 

Que encuentre tu ventana abierta,

que entre sin hacer ruido,

y que, si tú lo recibes,

sepa regresar conmigo

con una sola respuesta:

 

Que puedo pasar yo también,

que puedo pasar yo también;

si tu ventana está abierta,

¿por qué no voy a entrar?

Que puedo pasar yo también,

que puedo pasar yo también,

si el corazón ya dio permiso,

¿qué más debo esperar?**

 

Y si mañana me preguntas

por qué no fui de frente,

te diré que fui prudente,

como manda la etiqueta.

 

Pero entre tú y yo sabemos

que la prudencia es una treta:

yo mandé primero al palomo

para saber si me aceptas.

 

Y si vuelve hasta mi puerta

sin la carta en el pico,

ya entenderé que tu ventana

no quiere tener testigos.

 

Pero si vuelve cantando

y trae abierta la respuesta,

me quitaré los modales

y subiré por tu escalera.

 

Porque si tú dejas abierta

la ventana de tu vida,

 

que puedo pasar yo también.