Si nunca nuestros labios se encontraran,
si ignorara el temblor de tu piel,
y esta noche te viera por vez primera,
te amaría sin saber por qué.
Bastaría acercarme a tu mirada,
sentir tu aliento rozando mi ser,
para que ardiera de nuevo en mis venas,
aquel fuego que no supe perder.
Y aun sabiendo las lágrimas futuras,
los silencios, la ausencia y el dolor,
volvería a buscarte entre las sombras,
para entregarte de nuevo el corazón.
Porque amarte fue herida y fue delirio,
fue pecado, fue dicha y fue placer;
y si volviera a encontrarte en otra vida,
aun sabiendo el final, te amaría otra vez.