Yorks café, un café en Birmingham, vaya coincidencia. El día anterior la vio pasar cerca del Picadilly Arcade, de inmediato se preguntó ¿qué rayos hace aquí? si siempre prefirió viajar al sur, donde la gente habla su mismo idioma, en todo lo que esa frase pueda abarcar, será que anda metida en algún negocio o algún problema, con ella los dos tienen la misma probabilidad, mientras la vio alejarse en aquel atuendo demasiado europeo para su gusto y que la hacía verse tremendamente más fría de lo que ya de por sí era, se dio cuenta de que le emocionó la idea de verla, alguna fibra vieja todavía sujeta algo y no quiere ni pensar en ello.
Eran las 9 de la noche y si el propósito era no pensar en ella, pues hay que reconocer que le fue muy mal, desde la tarde en el Yorks no deja de pensar involuntariamente en ella, tan cerca de su mesa y tan descomunalmente lejos uno del otro, no piensa nada en específico, es sólo que la última vez que hablaron tampoco fue que se despidieran, solamente lo dejaron de hacer y listo, cada uno siguió su camino como si nunca se hubieran conocido, eso siempre le había dolido, el hubiera contestado otra vez pero ella nunca lo volvió a buscar, en el fondo sabía que en ese momento era mejor así y en este momento también, sólo tenía que soportar un rato más sin intentar hacer alguna cosa estúpida, como verificar si aún tenía el mismo número telefónico, ya lo había logrado tres años atrás esta vez tendría que ser más fácil.
Amaneció y se fue como siempre a su trabajo, advirtió la desazón que le daba pensar en su café diario en el Yorks, desde que llegó a la ciudad le había gustado ir al sitio los días que le tocaba ir a la oficina, además pocas cosas hacía diferente a las de siempre, como caminar hasta el café, pedir lo mismo, durar aproximadamente una hora o dos leyendo o viendo estupideces en el celular, ni modo, además qué probabilidades habían realmente de volvérsela a encontrar ahí, muchas tal vez, tomando en cuenta que a Julia, además del café le encantaban las galerías y que le encantaba leer en las cafeterías, que podía pasar horas observando a la gente, sobre todo ahí donde estaría midiendo los pormenores de la cultura en el ir y venir de la gente e inventándose historias según los rostros de cada una, cuando salió del trabajo se dirigió de prisa al Starbucks cercano al Yorks.
Había recordado suficientes cosas de Julia camino al trabajo y sintió algo cercano al vacío, a la soledad, al miedo, en Birmingham no tiene muchos amigos, a veces sale con sus compañeros por una cerveza pero en realidad su estancia en ese lugar está sostenida por un deseo constante de olvidar aquella etapa de su vida, aquel momento donde colgó el teléfono y dejó entrar el silencio para consagrarse a una relación ya consagrada al fracaso desde el principio, ¿cómo diablos terminó lanzándose el mismo a la mierda?, un año después de colgar ese teléfono, Wendy y él se separaron, pero a diferencia de Julia que le dejó únicamente un silencio sordo casi inhumano, de Wendy aun le quedaba el eco de todo rompiéndose contra las paredes de la casa, cuando le dijo que tenía que viajar a Birmingham por trabajo unos meses y que no tenía la menor idea de cuántos meses serían. Pudo haber dicho que no, pudo pedir que lo cambiaran de zona, pudo haber renunciado tal vez, pero no lo hizo, como tampoco marcó nunca a Julia , tal vez esperó que ella lo hiciera, tal vez.
Una vez que tomó el avión supo que no había fecha de regreso, al cabo de tres meses cuando le propusieron volver o aceptar el cargo de coordinador el cual lo obligaba a permanecer en la ciudad, aceptó de una el puesto, pudo haber vuelto y tratar de arreglar las cosas con Wendy, tan solo habían pasado 3 meses, pudo haber vuelto y llamar a Julia, estaría libre para intentarlo, pero Julia nunca mencionó la posibilidad de intentar algo, además Julia no se había largado porque él se iba lejos, y apenas hoy tomando un café que no le gusta, se da cuenta que no sabe por qué se fue, por qué Julia colgó para siempre.
Cayó la noche y aún está en el Starbucks, lo cierto es que desde que está sólo piensa más en ella, siempre ha creído que fue la forma, esa forma fría y tajante de desaparecer.
Cuando sale pasa frente al Yorks y voltea a ver hacia dentro, con la confianza de quien ha ganado en algo, en ese instante Julia queda frente a sus narices, lo ve directamente a los ojos y sin la más mínima expresión da la vuelta y comienza a caminar en sentido contrario, él se queda ahí sin moverse, sin voltear, sin reacción, cuando cae en sí, siente vergüenza, rabia y se ahoga, un invisible, un nadie, un cualquiera, se da cuenta de que era nadie.
Para el sábado en la mañana la rabia se había transfigurado en un desacierto que le tenía el estómago vacío, lleva 35 minutos sentado en el sofá con el celular en la mano, lo deja para secárselas cada tanto, ¡acaso espera una explicación!.
CONTINUARÁ...