Cuando las horas dejan de caer, el silencio pierde su frágil existencia y se expande, el aire son mis poros y mi sangre las palabras. Así, mi universo en la noche late, mi alma despierta, las tinieblas se disipan y mi cuerpo se aquieta casi muerto. Nada se mueve en la quietud... Ella solo mira.