Mi cabeza me está enamorando,
me susurra cosas que llenan mi mente de una paz y valor,
pero al mismo tiempo mata el latir de mi corazón,
en este plano en el que me esfuerzo por no dejar sin mi presencia y voz.
La mente traiciona,
pero no tanto como mi voz, siendo vocera de tales palabras que incitan actos que siempre desmerité y jamás llegué a querer pensar o hacer.
Voz cegadora,
aquella que me guía a eso que busco sentir.
Voz pequeña,
la que oigo en mis oídos al caminar por allí.
Voz coqueta,
de la que besa mi corazón, pero tira a las brasas mi resistencia.
Voz retumbante de mi alma rota, la que me acostumbré a sentir.
Sé tu deseo, pero también entiendo el de personas que odian la débil idea de dejarlas con un cumpleaños sin mí…
Peleo contra la voz dulce que ahogo entre música y letras, amores que otros me dan.
Y el tiempo que lleno solo para no oírte,
aclamar que te escuché sin dudar.
Vivo por ellos, pero muero por mí.
Vivo por ellos,
pero tiemblo cuando te escucho en mí.