Estrella danzante de la noche más clara,
de los capítulos humanos en esencia de cordialidad...
Aire trastornado, esencias que tiemblan y me nublan la vista. Tu escasa perfección; las excepciones siempre fueron la excusa perfecta para tu cobardía.
Y aunque duela —porque duele—, las larvas me carcomen lentamente. Ansioso en el descanso del rey de las ánimas, de aquel mundo donde fuiste avatar, guía, momento; donde mi amor banal encontró refugio en ti.
Oh, estrella maldita...
Quise llamarte mal bicho, romperte de mi cabeza y todo rastro de ti, que te condoné al exilio de los pensamientos. Pero hasta eso pronuncia tu nombre con ternura y anhelo.