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ELLA

 

En ese entonces no era el aroma de su ropa,
ni el perfume que llevaba,
ni el café sobre la mesada de noche,
ni el olor de ese dulce desayuno,
ni el sentir de aquellos libros viejos
sobre la vieja biblioteca.

Provenía de ella.

Ella era tan refrescante como menta,
tan cálida como un amanecer sin nubes,
tan embriagante como caramelo
sobre mi paladar.

Ella, toda ella,
era para mí.