Kermy_j

VENUS EN EL CÉNIT

En un mes cumplo 33 años y lo único que he conseguido es que mi hígado empiece a fallar su tik tak por los litros de alcohol con los que ahogo su caudal; que mis pulmones colapsen por tanto humo sabor a mango de los cigarros baratos; que mis manos tomen corazones de mazapán; que las noches coleccionen ojeras porque ni el polvo estúpido de hadas me hace dormir.

Y, sin embargo, eso solo fueron estos últimos tres meses. Igual conseguí cosas absurdas.

La piedra negra dentro de mi pecho empezó a erosionarse por el goteo del rocío de unas cuantas flores. Me reconcilié con el afecto paternal que todavía tenía, aunque el abandono siguiera su continuidad. Mis raíces se detuvieron a descansar en un lugar seguro llamado casi hogar. La abundancia caudalosa de la lluvia hizo que mis helechos siguieran rodando.

Y acabando el mes, y el que viene, cuando el tik tak suene un segundo más después de los treinta, será un inicio completamente nuevo. Y aún puedo ser feliz.

Incluso hay gente que colecciona piedras y, mientras más raras sean, más les gustan. La mía tiene un hoyo en medio, musgo, partes rotas, el paso del tiempo visible y unas ganas de ver las estrellas al mediodía.

Tal vez los treinta y tres sean eso: solo una vuelta al mundo, un segundo cambiando de día; la tarde pasando al ocaso, el ocaso a la noche y la noche al amanecer.

Un tik tak de un reloj de piedra.

Un segundo.

Un cambio.