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HOMBRES AL AGUA

HOMBRES AL AGUA

 

La barca se dio la vuelta

y entramos de repente

en contacto directo con el agua,

muy fría y completamente inestable,

las olas iban y volvían de vez cuando,

nuestra ropa estaba más que mojada,

solo había que nadar y seguiríamos con vida,

pero habíamos profanado la superficie marina.

Pero el agua estaba tan fría y se movía tanto

que suponía un incordio constante.

Nadar era nuestra obligación

hasta arribar a la playa,

y así lo hicimos, pero la experiencia

resultaba agotadora, demoledora,

sumamente penosa, y, desde nuestra posición,

con pronóstico pesimista.

 

Gaspar