Fui a hacer unas compras al mercado
y me topé con una damita holandesa
noté que le echó el ojo a mi estofado,
colocando su boquita como fresa
Le enseñé a relajar el pescado,
tirándomelas de un gran sensei
Mientras comíamos un bocado
me dijo: llégate a mi casa como a eso de las seis
Intrigado y patiliso me acerqué hasta su casa,
bien elegante y bañado con perfume francés
Me dijo: vamos a ver como tienes la coraza
y le echó mano a mi ciempiés
Yo estaba un poco aturdido
ante aquella dama tan liberal,
además no había comido
desde hace tiempo caviar
Me senté en el borde de su cama
y me dijo, si acaso éramos hermanos,
para estar con tanta escama,
ven aquí y méteme mano
Obediente, le eché mano a su corpiño,
ella me empezó a hacer cosquillas,
Entre sus pechos me volví a sentir un niño,
sentados los dos en una sola silla
Como yo todavía estaba un poco asustado,
me dijo; eres o te haces el mojigato...
ven y revuélveme este masato
y busquemos la otra pata que le hace falta al gato.