Sin esperanzas ni rumbo
voy por la vida cual tumbo
viendo morir la quimera
del gran ensueño que fuera
de la pasión un retumbo
que se convierte en hoguera.
Eran sus labios carnosos,
rojos, sensuales, melosos,
copas de báquico vino
cuyo sabor parisino
me dio momentos gloriosos
con tierno hechizo divino.
Era volcánico eructo
su cuerpo que fue conducto
del gran deseo pagano;
que me ofreció lo profano
que port el bello usufructo
que sacia deseo humano.
Por eso nunca la olvido
porque fue su lecho nido
cuna de grandes pasiones;
donde encendí los fogones
del amor mas desmedido
que apresa los corazones.
Autor: Aníbal Rodríguez.