Aquel hombre que decía verdades,
aunque estuviera en silencio;
tanto daba por las grandes caridades,
así le pagaban callándolo.
Sin piedad, le daban patadas;
sin dinero lo dejaban;
sin merecerlo, las miradas;
sin alma lo inquietaban.
Él se había convertido en soledad
al perder su corazón del dolor
que sentía por su ansiada mitad;
a él tanto le faltaba ese amor.
Pero ahora tan solo está escribiendo,
rompiendo las plumas de la furia,
de la tristeza que lo está viendo,
mientras se daña con tanta injuria.