era mi amada,
la muerte;
se paseaba por el mundo,
no la supe querer,
quizás no se dejaba
cuando me visitó
estaba despierto
la quise abrazar
no la pude alcanzar
escurridiza aunque presente
en un instante alcanzaba el cielo
qué maravilla
infundía temor
pero era cariñosa como ninguna
la estoy esperando
me rendiré a sus pies
Dios quiera que esta vez
me deje tomarla en mis manos