Cuando escribir es creer en lo que se hace,
dedicarse a ello en mente y alma
y hacerlo cada día.
Cuando es insistir y volver a insistir
en el autoanálisis y la reflexión;
en el silencio que ordena la mente
y en la meditación que afina la mirada.
Cuando es insatisfacción ante lo sabido, es nunca conformarse;
cuando es remar, sumar,
mantener el rumbo
y sostener el timón hacia adelante.
Cuando escribir es percepción y observación,
es querer siempre más
por lo poco que se sabe.
Cuando escribir es ya el latido del corazón,
que bombea y empuja cada célula y cada átomo,
como parte de un todo evidente.
Al escribir, te conviertes en aprendiz de tus propias letras.
Y es justo ahí, cuando tus letras despiertan,
respiran y comienzan a vivir dentro de ti...
empujándote a por más,
exigiéndote seguir.